Las ideas acerca de la evolución de las especies publicadas por Charles Darwin en 1859 tuvieron una recepción diferenciada en el mundo, tanto entre sus colegas naturalistas, como entre diversos intelectuales y políticos de la época. En el debate ya no sólo cuestionaban el creacionismo por seres divinos o el diluvio universal; se acentuó la discusión racista, pero donde podemos observar que los bandos no son el racismo contra el anti-racismo o la lucha por igualdad de los individuos, sino un panorama más complejo donde se introducen conceptos nuevos como la supervivencia del más fuerte, las ventajas de una raza sobre otra o bien las posibilidades de mejoras a partir de la mezcla de razas. Es decir, las concepciones racistas en los medios académicos de esos tiempos no tenían la connotación actual y se consideraba hasta cierto punto, como una realidad biológica. Algo descartado totalmente en la actualidad, justo por la aceptación del paradigma evolucionista de Darwin. Recordemos que en aquella época existían dos tendencias respecto al origen de las razas, de forma muy simplificada, una eran los monogenistas, que aceptaban el origen común de todos los hombres, donde se conciliaba la historia natural con la Biblia. Los poligenistas, en contraparte señalaban que los distintos pueblos y razas descendían de diferentes parejas pre-adánicas. Los representantes de ambas tendencias mantuvieron diversas polémicas, sobre todo en Estados Unidos y Europa en la primera mitad del siglo XIX, aspecto que falta por estudiar con más detalle en México.
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Corona Martínez, E. y Argueta, A. (2014). La influencia del darwinismo en las ideas antropológicas de algunos intelectuales del siglo XIX en México. El tlachuache: suplemento cultural, (614), 1-4.